La esofagectomía es una cirugía mayor en la que se extirpa todo el esófago o una parte de él. Se realiza sobre todo para tratar el cáncer de esófago y, en casos poco frecuentes, enfermedades benignas graves. Su objetivo es eliminar la enfermedad localizada y reconstruir el trayecto de los alimentos.
La intervención se realiza con anestesia general, mediante cirugía abierta, laparoscópica o asistida por robot, según el tumor y el paciente. Tras extirpar la zona afectada y los ganglios linfáticos cercanos, se reconstruye el trayecto dando al estómago forma de tubo y ascendiéndolo, o a veces con un segmento de colon, que se une al esófago restante.
La operación suele durar entre cuatro y ocho horas, con unos días en cuidados intensivos y una hospitalización de una a dos semanas. Al principio la alimentación se administra por sonda y después se reintroduce poco a poco. La recuperación y la adaptación a la nueva forma de comer pueden llevar de semanas a meses, y no se garantiza un resultado concreto.
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La cirugía puede eliminar el tumor o la zona dañada, aliviar la obstrucción del esófago y mejorar la deglución. No se puede prometer la curación, ya que el resultado depende del tipo y la fase de la enfermedad y del estado del paciente.
La decisión depende del tipo y la fase de la enfermedad, y del estado del corazón, los pulmones y la nutrición. Tras las pruebas y las imágenes, el equipo tratante decide si la cirugía es adecuada y si se necesitan otros tratamientos antes o después.
Suelen realizarse análisis de sangre, tomografía, endoscopia y evaluación del corazón y los pulmones. Se mejora la nutrición, se deja de fumar y se trata la obesidad si existe. El médico le indicará qué hacer con los medicamentos y el ayuno.
Se extirpa la parte enferma del esófago junto con los ganglios linfáticos y se asciende un tubo formado con el estómago hacia el tórax o el cuello para sustituirla. Puede hacerse por laparoscopia, con asistencia robótica o mediante cirugía abierta.
Los primeros días la alimentación se da por sonda o por vía intravenosa; después se empieza con líquidos y se avanza poco a poco hacia alimentos blandos. Normalmente se necesitan comidas pequeñas y frecuentes, y orientación dietética.
Suele incluir una estancia corta en cuidados intensivos, ejercicios respiratorios, movilización temprana y una hospitalización de una a dos semanas. Recuperar la energía y el peso puede llevar varios meses, con seguimiento nutricional regular.
Algunos pacientes sienten saciedad rápida, reflujo ácido y dificultad para comer, y pueden tener problemas para dormir tumbados. Estos síntomas suelen mejorar con una alimentación ordenada, durmiendo con la cabeza elevada y siguiendo las indicaciones del médico.
Entre ellos figuran la fuga o el estrechamiento de la unión quirúrgica, la neumonía, el sangrado, la infección, las arritmias y la ronquera. Es una cirugía mayor, y el cirujano le explicará los riesgos que se aplican a su caso.
En muchos casos de cáncer el equipo tratante recomienda quimioterapia, radioterapia u otros tratamientos antes o después de la cirugía, según la fase de la enfermedad y el resultado del análisis del tejido.
No se aconseja viajar antes de recibir el alta y de que el estado y la alimentación estén estables, lo que suele exigir permanecer al menos de dos a tres semanas. El médico tratante confirma la fecha tras la revisión.