La evacuación del hematoma subdural crónico es una intervención neuroquirúrgica que elimina la sangre acumulada lentamente entre la duramadre y la superficie del cerebro. Suele aparecer tras un traumatismo craneal, aunque sea leve, y es más probable en personas mayores y en quienes toman anticoagulantes. Busca aliviar la presión sobre el cerebro y mejorar los síntomas. Es una urgencia si empeoran la conciencia, el movimiento o el habla.
Suele realizarse con anestesia general, aunque a veces basta anestesia local con sedación. El cirujano practica uno o dos pequeños orificios en el cráneo, en ocasiones una apertura mayor, drena la sangre con un lavado suave y puede dejar un drenaje temporal uno o dos días.
Dura con frecuencia de una a dos horas y después el paciente queda en observación varios días. Muchos mejoran pronto, pero la acumulación puede reaparecer en algunos, y la recuperación completa suele llevar de varias semanas a unos meses, con TAC de control. El equipo médico planifica la atención según cada caso.
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Alivia la presión sobre el cerebro y puede mejorar el dolor de cabeza, la confusión, la debilidad y las alteraciones del habla o la marcha. El grado de mejoría depende de la edad, del tiempo con síntomas y del estado del cerebro, y lo valora el equipo médico.
El paciente con síntomas claros o cuyas pruebas de imagen muestran presión sobre el cerebro. Las acumulaciones pequeñas sin síntomas pueden requerir solo observación. Lo decide el neurocirujano tras una TAC o una resonancia.
A menudo se realiza con urgencia tras análisis de sangre y pruebas de imagen. Es imprescindible informar de todos los medicamentos, sobre todo los anticoagulantes, que nunca deben suspenderse ni revertirse salvo por decisión del equipo médico. Se pide ayuno cuando es posible.
Tras la anestesia se rasura una pequeña zona de cabello y se abre la piel; después se practican uno o más orificios en el cráneo y se abre la duramadre. El cirujano drena la sangre con un lavado suave, coloca un drenaje temporal y cierra la herida.
El paciente permanece en observación hospitalaria varios días y se le anima a moverse pronto si el médico lo permite. Suele aconsejarse evitar golpes en la cabeza y esfuerzos intensos durante varias semanas, y el cirujano programa las TAC de control.
Muchos pacientes mejoran en días o semanas, y la recuperación completa puede tardar meses. Como la acumulación puede reaparecer en algunos casos, conviene vigilar los síntomas y repetir la imagen craneal cuando sea necesario.
Pueden incluir la reaparición del hematoma, sangrado, infección, convulsiones, aire dentro del cráneo y problemas cardíacos o pulmonares en personas mayores. Rara vez se lesiona el propio tejido cerebral. Es una situación grave y el cirujano explica los riesgos según su caso.
Queda una pequeña cicatriz en el cuero cabelludo, normalmente cubierta por el pelo, que se atenúa con el tiempo. La forma de la cabeza no suele cambiar de manera apreciable tras un orificio pequeño.
Suele aconsejarse esperar de dos a cuatro semanas, tras una prueba de imagen que confirme la estabilidad, y es el médico responsable quien fija la fecha. No debe viajar quien tenga síntomas que empeoran.
Ante somnolencia intensa, confusión creciente, un dolor de cabeza intenso y nuevo, debilidad en una extremidad, dificultad para hablar, convulsiones o vómitos repetidos. Pueden indicar reaparición del hematoma u otra complicación y exigen acudir de inmediato a urgencias.