La cirugía de la epilepsia y del dolor crónico mediante neuroestimulación consiste en implantar un dispositivo que envía impulsos eléctricos suaves a zonas concretas del cerebro. Se emplea en casos seleccionados de epilepsia farmacorresistente y de dolor crónico sin respuesta al tratamiento. Busca reducir la frecuencia de las crisis o la intensidad del dolor, sin prometer la curación.
En la estimulación cerebral profunda se colocan electrodos finos en una diana profunda guiados por imagen y se conectan a un generador bajo la piel del tórax. La neuroestimulación de respuesta, propia de la epilepsia, usa un dispositivo fijado al cráneo que registra la actividad cerebral y estimula cuando detecta una actividad que puede preceder a una crisis. La anestesia es general, o local con sedación.
La cirugía suele durar varias horas, con un ingreso de uno a varios días. La programación comienza semanas después, pero el beneficio puede aparecer de forma gradual a lo largo de meses y requiere ajustes repetidos, que evalúa el equipo de neurología responsable.
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Puede reducir la frecuencia o la gravedad de las crisis en algunas personas cuya enfermedad no respondió a los fármacos, y puede aliviar el dolor crónico en casos seleccionados. Sin embargo, no cura la enfermedad, puede seguir siendo necesaria la medicación y no se garantiza un resultado concreto.
Suele convenir a personas con epilepsia en las que no han funcionado medicamentos adecuados probados a dosis suficientes y para quienes otra opción quirúrgica no es adecuada o no ha dado resultado, tras una evaluación completa en un centro especializado. La elección entre los dos tipos depende del tipo de crisis y de su origen, y la decide el equipo de neurología y cirugía.
Las pruebas incluyen resonancia magnética y electroencefalograma, y pueden añadirse monitorización con vídeo y evaluación neuropsicológica. No suspenda por su cuenta los fármacos antiepilépticos ni otros, como los anticoagulantes; ajustar las dosis, cuando haga falta, es una decisión exclusiva del médico.
Las dianas se localizan mediante imagen y después se colocan los electrodos o el dispositivo a través de una abertura en el cráneo. En la estimulación profunda el generador se sitúa bajo la piel cerca de la clavícula; en la neuroestimulación de respuesta el dispositivo se fija en el hueso del cráneo. Tras comprobar su posición, se cierran las heridas.
Se necesitan varias semanas de reposo evitando esfuerzos intensos, se vigila la herida y se administran analgésicos y antibióticos según el criterio del médico. El dispositivo suele activarse cuando la herida ha cicatrizado, y después hay visitas periódicas para programarlo.
La mejoría suele ser gradual a lo largo de meses, a medida que se ajustan los parámetros. El beneficio continúa mientras el dispositivo funcione y se revise, y la batería puede requerir un reemplazo quirúrgico pasados unos años, según el tipo de dispositivo.
Incluyen hemorragia dentro del cerebro, infección, ictus, desplazamiento de los electrodos, fallo del dispositivo y efectos secundarios de la estimulación, como cambios en el habla, la sensibilidad o el estado de ánimo; además, la piel sobre el dispositivo puede ulcerarse. Es una cirugía cerebral seria y el equipo explica sus riesgos de antemano.
Suelen ser pequeñas y quedan en el cuero cabelludo, bajo el pelo. En la estimulación profunda se añade una pequeña cicatriz cerca de la clavícula o en el tórax. Mejoran con el tiempo.
Normalmente se aconseja esperar al menos entre una y dos semanas, y el médico responsable confirma la fecha tras revisar la herida. Conviene llevar la tarjeta de identificación del dispositivo al pasar los controles de seguridad de los aeropuertos.
Sí, es necesario mantener un contacto regular con el equipo de neurología para ajustar la programación, vigilar la batería y valorar las crisis o el dolor, y los fármacos se revisan según la respuesta.