La electroterapia es una técnica de fisioterapia que emplea corrientes eléctricas de baja intensidad, como la estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS) y la estimulación muscular. Busca reducir el dolor y mejorar la fuerza muscular y la circulación. No guarda relación con la terapia electroconvulsiva que se usa en psiquiatría.
Se colocan electrodos adhesivos sobre la piel de la zona tratada y se conectan a un aparato que emite impulsos cuya intensidad y frecuencia se ajustan a cada caso. El paciente nota un hormigueo o una contracción muscular suave, que no debería resultar dolorosa. El tratamiento no requiere cirugía ni anestesia y se realiza bajo la supervisión del fisioterapeuta.
Cada sesión dura normalmente entre 15 y 45 minutos, y el programa suele requerir varias sesiones por semana durante varias semanas. No hace falta reposo y el paciente retoma enseguida su actividad. La mejoría aparece de forma gradual tras varias sesiones y puede ser pasajera si no se trata la causa de fondo.
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Dentro de un plan de tratamiento completo, ayuda a aliviar el dolor, activar músculos debilitados y mejorar la circulación local. También puede favorecer la cicatrización de heridas y aliviar síntomas de neuropatía periférica, como el adormecimiento y el hormigueo.
Es adecuado para personas con dolor muscular o nervioso crónico, debilidad muscular tras una lesión o un reposo prolongado, trastornos de los nervios periféricos o heridas de cicatrización lenta, tras la valoración del médico o del fisioterapeuta.
Normalmente no se usa en personas con marcapasos u otros dispositivos electrónicos implantados, sobre el abdomen durante el embarazo, sobre piel inflamada o infectada, sobre un tumor ni en la parte anterior del cuello, salvo indicación del fisioterapeuta.
Basta con llevar ropa que permita acceder a la zona tratada e informar al fisioterapeuta de sus enfermedades, sus medicamentos y cualquier dispositivo implantado. La piel donde irán los electrodos debe estar limpia y sana.
Se pegan los electrodos sobre la zona tratada y se aumenta la corriente poco a poco hasta notar un hormigueo cómodo o una contracción muscular suave. El fisioterapeuta observa su respuesta y ajusta los parámetros durante toda la sesión.
No, puede volver a sus actividades cotidianas de inmediato. Puede aparecer un ligero enrojecimiento en el lugar de los electrodos, que desaparece pronto.
El dolor puede aliviarse un rato tras la primera sesión, mientras que la mejoría de la fuerza y de los síntomas nerviosos requiere sesiones regulares. La duración del efecto varía, por lo que el tratamiento suele combinarse con ejercicios y con el tratamiento de la causa de fondo.
En general es seguro. Lo más habitual es la irritación o el enrojecimiento de la piel bajo los electrodos, y en ocasiones pueden producirse quemaduras leves si la intensidad es excesiva o el contacto es deficiente. Ajustar bien la intensidad y revisar la piel reduce estos efectos.
El número varía según el caso, pero el plan suele incluir varias sesiones por semana durante unas semanas. Lo establece el fisioterapeuta y lo revisa según su respuesta.
El tratamiento no impide viajar y no hace falta quedarse tras la última sesión. Si sigue un programa completo, el fisioterapeuta establece el calendario y el momento adecuado para terminarlo.