La cirugía de hernia inguinal trata la protrusión de un segmento de intestino o de tejido graso a través de un punto débil de la pared abdominal en la ingle, con hinchazón y dolor. Su objetivo es devolver el contenido a su lugar y reforzar la pared abdominal para reducir el riesgo de recidiva.
En la reparación abierta se realiza una incisión en la ingle para reducir la hernia y reforzar la pared. La laparoscópica emplea pequeñas incisiones, una cámara e instrumentos finos, y en la robótica el cirujano maneja brazos mecánicos. A menudo se coloca una malla quirúrgica, con anestesia general, raquídea o local.
La operación suele durar de 30 a 90 minutos y a menudo el paciente se va a casa el mismo día. Se camina pronto, las actividades ligeras se retoman en unos días y se evita levantar peso durante varias semanas. El resultado final se aprecia en pocas semanas, cuando cede la inflamación, y no se puede garantizar que la hernia no reaparezca.
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Normalmente elimina el bulto y alivia el dolor, y reduce el riesgo de que el intestino quede atrapado en la hernia, una complicación que requiere cirugía urgente. El cirujano elige la técnica más adecuada.
Es adecuada para quienes tienen una hernia inguinal confirmada por exploración o ecografía, sobre todo si causa síntomas o aumenta de tamaño. Algunas hernias pequeñas sin síntomas pueden vigilarse, según decida el cirujano.
El médico le examina y solicita pruebas según su edad y estado de salud, y fija el tiempo de ayuno antes de la anestesia. No suspenda ningún medicamento recetado, en especial los anticoagulantes, salvo indicación médica. Se aconseja dejar de fumar.
La abierta usa una incisión en la ingle; la laparoscópica y la robótica usan pequeñas incisiones que en algunos casos pueden suponer menos dolor y una recuperación más corta. El cirujano elige la técnica según el tipo de hernia y las operaciones previas.
El contenido de la hernia se devuelve al abdomen y se refuerza la pared débil, a menudo con una malla quirúrgica, con la técnica elegida y la anestesia adecuada.
Es habitual sentir dolor e hinchazón leves, que mejoran con analgésicos sencillos, y se puede caminar el mismo día. Muchas personas vuelven al trabajo de oficina en unos días; el trabajo físico intenso se retoma tras varias semanas con la autorización del cirujano.
El bulto suele desaparecer justo después de la cirugía y la comodidad se estabiliza en unas semanas. En la mayoría de los casos los resultados duran mucho tiempo, aunque a veces la hernia puede reaparecer.
Incluyen hinchazón, hematomas, infección, sangrado, dolor persistente en la zona, recidiva, problemas en el testículo o el cordón espermático y complicaciones de la anestesia. En la cirugía laparoscópica y robótica pueden producirse, rara vez, lesiones del intestino o de vasos sanguíneos.
La reparación abierta deja una pequeña cicatriz en la ingle; la laparoscópica y la robótica dejan cicatrices muy pequeñas alrededor del ombligo y en la parte baja del abdomen. Todas se atenúan con el tiempo.
A menudo basta con permanecer de dos a siete días, según la técnica, la anestesia y la evolución. El cirujano tratante confirma la fecha del viaje tras la revisión.