La aguja de oro es un tratamiento no quirúrgico que combina microagujas con energía de radiofrecuencia fraccionada y se usa para mejorar la textura de la piel, las cicatrices de acné, los poros dilatados, las arrugas finas y la flacidez leve. Busca estimular el colágeno y renovar la piel del rostro o del cuerpo.
Tras aplicar una crema anestésica tópica, el médico pasa un dispositivo con agujas muy finas que atraviesan la piel hasta una profundidad determinada y liberan calor en las capas internas, sin incisiones. La profundidad y la energía se ajustan según la zona y el tipo de piel.
Cada sesión dura entre media hora y una hora, y suelen hacer falta varias sesiones separadas por semanas. Suelen aparecer enrojecimiento e hinchazón leve durante algunos días, y el resultado se va viendo gradualmente y suele alcanzar su máximo a los dos o tres meses, al renovarse el colágeno.
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Puede ayudar a mejorar la textura de la piel, atenuar cicatrices de acné, poros dilatados y arrugas finas, y dar firmeza a una flacidez leve, sin cirugía. La respuesta varía entre personas.
Suelen serlo personas con cicatrices de acné, textura irregular o flacidez leve que prefieren una opción no quirúrgica. No se recomienda en embarazo, infección o inflamación activa en la zona ni con tendencia a queloides, y puede no ser adecuada tras tomar isotretinoína recientemente o con ciertos dispositivos implantados. Decide el médico tras la valoración.
Conviene evitar el sol intenso y los peelings fuertes antes de la sesión e informar al médico de medicamentos, enfermedades y antecedentes de herpes. No suspenda por su cuenta ningún fármaco, incluidos anticoagulantes: lo decide el médico.
Se limpia la piel, se aplica una crema anestésica durante un tiempo y se desliza el dispositivo por la zona: las agujas penetran y emiten radiofrecuencia a profundidades controladas. Se termina con un producto calmante y protector solar.
Es habitual notar enrojecimiento, hinchazón leve y pequeños puntos o costras durante uno o varios días. Se recomienda hidratar, evitar el sol y el maquillaje pesado unos días, y normalmente se retoma pronto la vida cotidiana.
La mejoría aparece poco a poco en semanas y suele ser máxima a los dos o tres meses. El efecto dura habitualmente de varios meses a un año o más según la persona, y pueden necesitarse sesiones de mantenimiento porque el envejecimiento continúa.
Pueden incluir enrojecimiento, hinchazón, sangrado puntiforme, cambios de pigmentación (sobre todo en pieles oscuras), quemaduras poco frecuentes, infección o reactivación de herpes y, rara vez, cicatrices. Elegir un profesional cualificado y seguir las indicaciones reduce la probabilidad.
La crema anestésica reduce las molestias; puede notarse un pinchazo o calor leve que varía según la zona. La molestia suele desaparecer poco después de la sesión.
Normalmente se puede viajar entre uno y tres días después, protegiendo e hidratando la piel; el médico confirma el plazo según la intensidad de la sesión.
Suele recomendarse alrededor de tres sesiones separadas por cuatro a seis semanas, aunque varía según el caso. El médico indica el número y el intervalo tras valorar su piel.