La FIV y la ICSI son técnicas de reproducción asistida: los óvulos se fecundan en el laboratorio y los embriones se transfieren al útero. Su objetivo es ayudar a las parejas con problemas de fertilidad a lograr un embarazo. En la FIV, óvulos y espermatozoides se juntan en una placa; en la ICSI se inyecta un espermatozoide en cada óvulo maduro, opción habitual en la infertilidad masculina.
El ciclo comienza con inyecciones hormonales que estimulan los ovarios, controladas por ecografía y análisis de sangre. Los óvulos se extraen por vía vaginal guiada por ecografía, normalmente con sedación. Tras la fecundación y varios días de cultivo, los embriones se transfieren con un catéter fino por el cuello uterino, casi siempre sin anestesia.
La estimulación dura unos diez a catorce días y la extracción, quince a treinta minutos; la mayoría retoma la actividad ligera al día siguiente. Unas dos semanas después de la transferencia, el resultado se confirma con una prueba de embarazo y una ecografía posterior. El éxito depende de la edad y de otros factores individuales y no puede garantizarse.
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Ofrecen una posibilidad de embarazo cuando no se ha logrado de forma natural, por ejemplo con trompas obstruidas, recuento bajo de espermatozoides o infertilidad de causa desconocida. La ICSI es especialmente útil si hay pocos espermatozoides o poca movilidad.
Parejas con problemas tubáricos, factor masculino, trastornos de la ovulación, endometriosis o infertilidad sin causa aparente tras una evaluación. El especialista revisa análisis hormonales, ecografía y seminograma antes de recomendar FIV, ICSI o ninguna de las dos.
Ambos miembros de la pareja suelen hacerse análisis de sangre y cribado de infecciones, con seminograma para él y ecografía u otra valoración del útero para ella. Suele aconsejarse ácido fólico, un peso saludable, no fumar y limitar el alcohol.
Tras la estimulación ovárica se extraen los óvulos bajo sedación y se fecundan en el laboratorio con una de las dos técnicas. Los embriones seleccionados se transfieren al útero unos días después o se congelan para una transferencia posterior.
Tras la extracción son habituales calambres leves, hinchazón o un ligero sangrado durante uno o dos días. La transferencia no requiere recuperación y normalmente se puede retomar la actividad ligera, evitando el ejercicio intenso según indique el médico.
La prueba de embarazo suele hacerse unas dos semanas después de la transferencia y una ecografía unas semanas más tarde lo confirma. Si no se logra el embarazo, se pueden valorar nuevos ciclos o embriones congelados.
Pueden darse hiperestimulación ovárica, hinchazón, cambios de ánimo por las hormonas y, raramente, sangrado o infección tras la extracción, además de más probabilidad de gemelos si se transfiere más de un embrión. El equipo ajusta la medicación y el número de embriones para reducir estos riesgos.
En la FIV el espermatozoide fecunda el óvulo por sí solo en la placa, mientras que en la ICSI un embriólogo inyecta un espermatozoide en el óvulo. La elección depende de la calidad del semen y de resultados de fecundación previos.
Un ciclo típico requiere controles durante unos diez a catorce días, seguidos de la extracción y, después, la transferencia. Muchas pacientes evitan volar unos días tras la transferencia, y el médico tratante confirma el calendario seguro.
Sí, la cantidad y la calidad de los óvulos disminuyen con la edad, lo que afecta a la probabilidad de embarazo. El especialista en fertilidad explicará las opciones adecuadas para cada caso.