La colectomía es una intervención en la que se extirpa una parte del intestino grueso o su totalidad. Se realiza en enfermedades como los tumores, las inflamaciones graves (por ejemplo, la diverticulitis), las enfermedades inflamatorias intestinales, las hemorragias y las obstrucciones. Su objetivo es retirar el segmento enfermo conservando en lo posible la función intestinal.
Se practica con anestesia general, mediante cirugía abierta o por laparoscopia o con asistencia robótica a través de incisiones pequeñas. Tras retirar la zona afectada, se suelen unir los dos extremos sanos del intestino. En algunos casos puede ser necesario crear una ostomía, es decir, una abertura en la pared abdominal, temporal o permanente.
La intervención dura habitualmente de dos a cuatro horas y el ingreso suele ser de tres a siete días. Muchas personas retoman su actividad habitual en unas cuatro a seis semanas, y la función intestinal se adapta de forma gradual a lo largo de semanas o meses. En los tumores, el equipo tratante define el plan completo de tratamiento.
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La intervención extirpa la parte enferma del colon, lo que puede aliviar el dolor, el sangrado y la obstrucción. Es una pieza importante del tratamiento de los tumores de colon y de algunas enfermedades inflamatorias. El beneficio varía según la enfermedad, por lo que no puede prometerse la curación; el equipo tratante decide el plan adecuado.
Es adecuada para quien tiene una enfermedad del colon que requiere extirpación quirúrgica, tras valorar el equipo la colonoscopia, las pruebas de imagen, los análisis y el estado general. El cirujano decide qué cantidad de intestino se extirpa y con qué técnica.
Suelen hacerse análisis de sangre, pruebas de imagen y una valoración anestésica, y puede indicarse una dieta líquida y una preparación intestinal según las instrucciones del equipo. Informe al médico de todos sus medicamentos y no suspenda ninguno, en especial los anticoagulantes, salvo que él lo indique. Se aconseja dejar de fumar.
Con anestesia general se extirpa el segmento enfermo, junto con los ganglios linfáticos cercanos si hace falta, por cirugía abierta, laparoscópica o robótica. Después se unen los extremos del intestino y, en ciertas situaciones, se crea una ostomía temporal o permanente.
No se siente dolor durante la intervención porque se está bajo anestesia general. Después hay dolor abdominal que suele controlarse con analgésicos pautados y que, por lo general, es menor tras la cirugía laparoscópica.
Se empieza a caminar pronto y la alimentación avanza de líquidos a sólidos. Se evita cargar peso durante varias semanas, es importante acudir a los controles con el equipo y, si hay ostomía, puede requerirse un cuidado específico.
El segmento enfermo se retira durante la propia operación y los síntomas suelen mejorar en semanas, mientras que la función intestinal puede tardar semanas o meses en estabilizarse. El resultado a largo plazo depende de la enfermedad de base y, en los tumores, de los resultados de las pruebas y del tratamiento complementario, si se necesita.
Incluyen sangrado, infección, fuga en la unión intestinal, parálisis temporal del intestino, adherencias, hernia en la incisión y coágulos en la pierna o el pulmón. El médico le explicará estas posibilidades según su caso.
La cirugía laparoscópica deja cicatrices pequeñas y la abierta una más larga; con el tiempo se atenúan. La ostomía, si se crea, puede ser temporal y cerrarse en una operación posterior, o permanente, según la enfermedad.
Con frecuencia entre una y dos semanas después, si la recuperación va bien y no hay complicaciones. El cirujano confirma la fecha tras la revisión de control.