La extirpación de tumores cerebrales es una intervención delicada en la que el cirujano abre parte del cráneo (craneotomía) para retirar el tumor total o parcialmente según su localización y naturaleza. Se aplica a tumores benignos y malignos y busca aliviar la presión sobre el cerebro, mejorar los síntomas y determinar con precisión el tipo de tumor, conservando en lo posible las funciones neurológicas.
Suele realizarse bajo anestesia general y, en casos seleccionados, con el paciente parcialmente despierto para proteger las áreas del habla y del movimiento. El cirujano usa microscopio, imagen guiada y monitorización neurológica, envía una muestra al laboratorio, recoloca el hueso y cierra la herida.
La cirugía suele durar de dos a seis horas o más. Después el paciente permanece unos días ingresado, a veces brevemente en cuidados intensivos, y la recuperación lleva semanas. El resultado del laboratorio suele llegar en pocos días y el equipo tratante decide el tratamiento posterior.
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Puede aliviar la presión dentro del cráneo y mejorar síntomas como el dolor de cabeza, las convulsiones o la debilidad de las extremidades. Además, permite analizar una muestra para identificar con precisión el tipo de tumor. El equipo tratante valora el beneficio esperado en cada caso.
Se decide tras una resonancia magnética cerebral y la valoración de la localización y el tamaño del tumor y del estado general del paciente. Algunos tumores pueden extirparse por completo y otros solo en parte para proteger zonas vitales; la cirugía puede no ser adecuada en algunos casos.
Suelen realizarse análisis de sangre, imágenes cerebrales y evaluaciones cardíaca y anestésica, y el médico revisa su medicación. A menudo hay que suspender anticoagulantes y antiinflamatorios, pero solo en el momento que indique el médico. El ayuno se hará según las instrucciones del equipo.
Tras la anestesia, el cirujano abre una porción del hueso del cráneo y corta con cuidado las membranas protectoras. A continuación retira el tumor con ayuda del microscopio, técnicas de guía y monitorización neurológica. Por último, recoloca y fija el hueso y cierra la herida.
El paciente permanece en observación en el hospital durante varios días y puede notar dolor de cabeza, hinchazón facial y cansancio, que se tratan con analgésicos y antiedematosos si es necesario. La vuelta a la actividad completa suele llevar semanas y algunos pacientes necesitan terapia ocupacional o rehabilitación.
Las imágenes posteriores muestran cuánto tumor se retiró y el resultado microscópico suele llegar en pocos días, aunque los estudios detallados pueden tardar más. El seguimiento y el tratamiento complementario, si hacen falta, dependen del tipo de tumor y los define el equipo tratante.
Incluyen hemorragia, infección, edema cerebral, convulsiones y fuga de líquido cefalorraquídeo. Según la localización del tumor, pueden producirse cambios temporales o permanentes en el habla, el movimiento, la sensibilidad o la visión. El cirujano explica estos riesgos a cada paciente antes de operar.
La incisión se hace en el cuero cabelludo y suele quedar oculta bajo el pelo. Cicatriza en unas semanas y normalmente deja una cicatriz lineal fina. Solo puede ser necesario rasurar una pequeña zona de cabello junto a la incisión.
Depende de la evolución de la recuperación y de los resultados de las pruebas; la estancia tras la cirugía puede ir de unos días a varias semanas. El médico tratante confirma cuándo es seguro viajar.
Depende del tipo y el grado del tumor y de cuánto se haya extirpado. Algunos tumores benignos pueden requerir solo controles periódicos con imagen, mientras que otros necesitan tratamiento complementario. El equipo tratante decide el plan cuando llega el resultado del laboratorio.